Amateur versus Profesional

Por Remigi Morant Navasquillo, responsable de Escuelas de Música de la FSMCV,

Resulta extraordinaria la cantidad de disputas que generan estos dos términos, amateur y profesional, en prácticas tan diversas como el deporte, la fotografía, la cocina… o la música.

Todos tenemos claro lo que representa hablar de un profesional y normalmente es una persona formada para ejercer una profesión. También es cierto que en algunos casos se ha reconocido una dedicación a un determinado oficio durante años, concediendo un título de formación profesional de manera que pueda formar de manera reglada a otros aspirantes o desarrollar un oficio con una titulación que le acredite.

El término amateur deriva de la palabra amante y representa la afición a una determinada disciplina hasta el extremo de dedicar muchas horas a la misma, no siendo la profesión principal de la persona en cuestión, pero con el peligro de que con los años pueda convertirse en su oficio.

Este debate resultó ser uno de los elementos que generó mayor tensión en las conclusiones del III Congreso de la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana-De la memoria a la innovación (2013). Se trataba del primer congreso on line y tanto el planteamiento como su desarrollo fueron un acierto de la mano del profesor Pau Rausell (Universidad de Valencia).  La verdad es que no era ninguna novedad, pero ver planteados estos dos términos (amateurismo-profesionalismo) desde la oposición y el enfrentamiento resultó preocupante.

«Desde sus orígenes, las sociedades musicales valencianas han apostado por la formación como una vía segura para la actualización y la mejora constante en sus conjuntos instrumentales y vocales.»

El inmenso movimiento musical representado por las bandas de música en la Comunidad Valenciana y todo lo que les acompaña: 547 sociedades musicales federadas con más de 1.100 bandas, más de 200 corales y otras tantas orquestas, unos 600 centros educativos con 60.000 alumnos y unos 4.000 profesores no hubiera sido posible sin el amateurismo representado por 50.000 músicos que en algunos foros tanto se critica. Pero también es importante reconocer el impagable trabajo de los miles de directivos amateurs que a lo largo de doscientos años (un 30% de las bandas de música son centenarias y un 3% bicentenarias) han estado al frente de las sociedades musicales. Son distintos los trabajos de investigación que atribuyen a este movimiento amateur la responsabilidad de que el aprendizaje de la música llegara a todos los rincones de nuestra geografía y no quedara solo en manos de las clases pudientes de las grandes ciudades (Tesis Doctoral de Elvira Asensi, Universidad de Valencia, 2010).

Parece que decir amateur es sinónimo de falto de técnica, formación y capacidad para hacer un trabajo, cuando puede ser todo lo contrario. Como bien apunta el refranero popular no existen los vagos si sabemos encontrarles un trabajo que les guste… Precisamente por este motivo es tan importante la motivación y el estimulo de las emociones en educación.  La ilusión y la afición por la música  son los motores que han convertido a amateurs en grandes profesionales (aunque nunca hayan dejado de ser amateurs por no querer dejar su oficio de siempre y optar a aquella plaza que les ofrecían en una orquesta o en una banda municipal).

Si por el contrario pensamos en lo que se ha venido en llamar «no músicos», o sea músicos que nunca se han formado en un conservatorio, encontraremos a músicos amateurs que optaron por dedicarse «profesionalmente» a la música sin tener un título que les acreditara como tales. Incomprensible, pero son muchos los casos que podemos conocer en la Tesis Doctoral de Adolf Murillo (2014) dedicada a estos «Escultores del Sonido» con conclusiones evidentes, como que los «no músicos» son más creativos y escuchan mejor que los músicos convencionales,  habituados a hacer exclusivamente  lo que les marca una partitura.

«Estas escuelas siempre posibilitan que aquellos alumnos que deseen continuar estudios profesionales en un conservatorio lo puedan hacer sin problemas.»

Desde sus orígenes, las sociedades musicales valencianas han apostado por la formación como una vía segura para la actualización y la mejora constante en sus conjuntos instrumentales y vocales. De ese modo aparecieron las primeras escuelas de educandos, que con los años se convirtieron en escuelas de música, centros educativos con una finalidad clara, la formación por medio de la música con el foco puesto en la práctica musical activa. Estas escuelas siempre posibilitan que aquellos alumnos que deseen continuar estudios profesionales en un conservatorio lo puedan hacer sin problemas. Su función no es la profesionalización sino la vivencia de la música a lo largo de la vida, finalidad 100% amateur no reñida con la profesionalización. Tanto la Ley Valenciana de la Música (1998), como el Decreto de Escuelas de Música (2013) plantean este enfoque. También es cierto que todas las leyes desde la LOGSE (1990) han apostado por los centros integrados (centros en los que se aborda simultáneamente la educación primaria y los estudios reglados de música) una buena solución cuya repercusión en la educación pública no existe en nuestra comunidad y se puede contar con los dedos de la mano en toda España, por la falta de apoyo. También somos conscientes del inmenso esfuerzo que comporta seguir estudios profesionales de música en un conservatorio en paralelo a la secundaria obligatoria y el bachillerato, sin ninguna compensación como sucede con el reconocimiento a los deportistas de élite. Más todavía, acaban de suprimir las tres materias de música del selectivo, con lo que los estudiantes de música no podrán optar a subir la nota de 10 a 14 puntos por esa vía, una injusticia que merecerá acciones de la FSMCV frente el gobierno de Madrid. También sabemos del altísimo porcentaje de fracaso escolar por abandono que se producen en los conservatorios en las enseñanzas de grado medio. Las sociedades musicales somos conscientes de este peligro y en muchos casos ofrecemos clases gratuitas en la escuela de música a nuestros músicos para que ante un posible abandono no dejen la música para siempre.

Los estudios musicales en España están divididos entre reglados, que imparten los conservatorios, y no reglados, que imparten escuelas y academias. El primer nivel de estos estudios reglados es el elemental y representa una introducción a la música que en ningún caso representa la vía profesional (Decreto que regula el currículo de las Enseñanzas Elementales de Música en la Comunidad Valenciana, 2007). Al tratarse de estudios reglados solo los pueden impartir los conservatorios elementales, pero también lo hacen habitualmente los conservatorios profesionales, ya que completan sus plazas vacantes con este alumnado de nivel elemental. Al acabar estos estudios elementales no se consigue ningún título, dado que no se contempla por el carácter introductorio de estas enseñanzas. Solo existe un certificado de estudios elementales de música. Este certificado lo proporcionan los conservatorios, tanto a su alumnado como a todo aquel que se pueda presentar a las pruebas libres que convocan todos los años. De modo que también el alumnado de las escuelas de música tiene acceso al mismo.

«El primer nivel de estos estudios reglados es el elemental y representa una introducción a la música que en ningún caso representa la vía profesional»

Las escuelas de música pueden preparar a su alumnado tanto para la obtención de ese certificado como para la prueba de acceso al conservatorio, en el supuesto que deseen continuar estudios profesionales. No obstante, en una escuela de música se puede continuar haciendo música después de ese primer ciclo básico con otras etapas de formación: etapa de consolidación y etapa avanzada…. Pero, también se ofrecen clases de iniciación con profesorado especializado que les puede introducir a la educación musical desde los 0 años e incluso trabajar con las futuras madres y mucho más.

Decir que las sociedades musicales y sus escuelas de música han permitido la democratización y socialización de la educación musical es una gran verdad, ya que estas han posibilitado que en cada pueblo de nuestra geografía sea posible aprender música. También cabe apuntar que el precio por alumno no es el mismo si estos estudios se realizan en una escuela de música o en un conservatorio de la red pública, dado que en el conservatorio no hay mensualidades. El agravio comparativo es total si pensamos que las ayudas a las escuelas de música no acaban de cubrir los gastos sociales de la nómina del profesorado. De manera que vuelve a hacerse evidente la diferencia entre vivir en la ciudad y en un pueblo. Por esa razón desde la FSMCV venimos reivindicando desde hace años que primeramente se haga visible el mapa de la educación musical en la Comunidad Valenciana. Esta herramienta permitiría visibilizar el estado actual de la educación musical y hacerla mucho más racional, equitativa y sostenible.

«Los conservatorios elementales pasaron a ser escuelas de música y los profesionales se dedicaron solo a atender alumnado de este nivel.»

La reivindicación de que los estudios elementales se cursen en la red de escuelas de música no es ninguna novedad. Hace bastantes años que el gobierno vasco tomó esta determinación y no supuso ningún desastre, ya que los conservatorios elementales pasaron a ser escuelas de música y los profesionales se dedicaron solo a atender alumnado de este nivel. Tampoco debe desaparecer el nivel elemental de estudios musicales, ya que viene recogido en la normativa legislativa. Plantear este cambio en la Comunidad Valenciana sería posible siempre que se pasara de un sistema de subvención a la vía del convenio con las escuelas de música; convenio en el que deberían asumir una parte importante los ayuntamientos. Esto permitiría normalizar la red de escuelas de música permitiendo su funcionamiento como centros educativos como otros cualquiera. La parte más importante de estos cambios beneficiaría al alumnado, que aprendería música en igualdad de condiciones en toda la red educativa de escuelas de música, posibilitando su crecimiento como personas a través de la música. Por supuesto que con ello la FSMCV y su red de escuelas de música asumiría un compromiso de mejora continua.

Ni que decir tiene que todo esto no se puede hacer de hoy para mañana y va a hacer falta consensuar con todos los sectores implicados una solución viable llevándola a término de manera progresiva…

Prefiero pensar que la complementariedad entre amateurismo y profesionalidad es una gran baza para la educación musical y no un motivo de enfrentamiento.

De lo que no hay duda es de que hay que continuar trabajado en pro de la educación musical. ¡Merece la pena!

Remigi Morant Navasquillo

Director del Departamento de Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal de la Universitat de València

Vicepresidente 1º y responsable del área de Escuelas de Música de la FSMCV